De Alejandra camposeco

lunes, 8 de abril de 2013

Cuéntame una de vampiros...


Todos tenemos algo vampiresco dentro de nosotros. Algunos absorbemos grandes cantidades de energía de las otras personas con la simple finalidad de sentirnos más llenos de “vida”, otros absorbemos el tiempo, las ideas, o incluso hasta los pensamientos de otros. Pero me llama la atención que la  genealogía del vampiro sea tan remota e inmemorial como para remontarse hacia el año 600 a.C.

El vampiro aparece en China como un demonio terrible que ronda el alma de los hombres muertos cuya alma rehúsa abandonar el cuerpo. En la demonología mesopotámica toma el nombre de Rapganmekhab, mientras que en la asiria se les conoce como Akhkham. A través de los siglos, los testimonios de estos macabros seres son bastante abundantes.  Los sumerios distinguían tres clases de demonios: los mitad humanos mitad demonios, los espíritus puros capaces de propagar epidemias y los muertos que no descansan en sus tumbas y se mueven por el aire, sobre el suelo y bajo la tierra.

Dentro de la tradición hebrea encontramos la figura de Lilith, poderoso demonio alado, de largos y serpentinos cabellos, cuyo cuerpo desnudo y sensual termina en forma de serpiente. Según la tradición rabínica, Lilith fue la primera mujer de Adán, pero tras una violenta pelea, Yahvé la regaña y la obliga a obedecer a su marido. Lilith furiosa, se rebela y se niega a obedecer, por lo cual es destinada a convertirse en un demonio volador, que debe alimentarse con sangre.

Dentro de los árabes también encontramos a uno de estos seres: el Gul. Este demonio femenino frecuenta (de noche) los cementerios, en busca de su frio y deseable alimento: los cadáveres. Pero al igual que Lilith, el Gul tiene preferencia por los niños pequeños, a los que secuestra y lleva a lugares apartados para saciar su hambre con avidez.

De regreso por China encontramos una serie de vampiros denominados ch´iang Shih, los cuales son capaces de animar cadáveres y evitar su descomposición. Según la tradición china, tienen los ojos rojos y llameantes, las garras afiladas y el cuerpo ligeramente cubierto de un pelo pálido y verdoso.

Finalmente en la India tenemos a los vetalas y a los rakshasas, demonios que probablemente fueron emanaciones de la diosa hindú Kali, cuya imagen se representa con una espada en la mano y una cabeza chorreando sangre en la otra, mientras que sobre su pecho porta un enorme collar hecho de calaveras humanas.

Estos son solamente algunos ejemplos de los primeros vampiros de los que tenemos registro. Por supuesto que a través de los años, su imagen se ha ido transformando en algo tan fascinante, sensual y terrorífico que todos deseamos tener un poco de estos maléficos seres. Los vampiros representan la parte oscura de los seres humanos, aquello de lo que deseamos olvidarnos pero que vive siempre latente en nuestro interior. Forman una sombra sobre la virtud y la pureza del hombre. Los vampiros nos hacen sentir hacia ellos una terrible atracción-repulsión de la cual es difícil librarnos. El vampiro es el seductor por excelencia, ya sea en su forma masculina o femenina.

Si te gustan las historias de vampiros aquí te van varias que puedes googlear y leer o pedir a una librería, para abundar en este tema. Todas estas historias son anteriores a la versión más conocida del Drácula de Bram Stocker. El Vampiro, John William Polidori; No despertéis a los muertos, Johann Ludwig Tieck; La familia del vurdulak, Alexei Tolstoi; Vampirismo, E.T.A. Hoffman; La muerta enamorada, Theophile Gautier; Carmilla, Joseph Sheridan Le Fanu y Manuscrito encontrado en Zaragoza de Potocki.

Buenos y terroríficos días. Hoy lee una historia de vampiros… Pero lee.

sábado, 6 de abril de 2013

47 años de mi vida. Una reflexión en torno a Marsilio Ficino


Dice Marsilio Ficino en sus comentarios al Banquete de Platón  que cuando nos referimos al Amor, debemos entender “deseo de belleza”.  Hoy cumplo 47 años, una edad indeterminada, ya que no soy ni joven ni vieja, en teoría debería estar en ese estado que se llama “plenitud de la vida”. Supongo que es porque he aprendido cosas y me he vuelto un poco más sabia, y aún no tengo a la demencia senil en mi cabeza para ayudarme a olvidar lo aprendido. Y después de esta digresión, regreso a Ficino, con su deseo de belleza, y me queda claro que la belleza a la que se refiere no es la exterior, sino la interior, la que habita en el alma de los seres humanos, y ¿por qué no? también de los animales (este último comentario ya es muy personal).

Afirma entonces el filósofo (1433-1499) que “la belleza del alma consiste en la verdad y en la sabiduría…” y que ésta es algo así como una luz invisible. Y esta reflexión en torno a mi cumpleaños me lleva a hacer un recuento de los daños acontecidos en el último año de mi vida. Puedo afirmar que el tiempo pasado ha sido bastante rocoso. Mis 46 trajeron muchas pérdidas, tanto materiales como emocionales, pero hoy quiero dar gracias a ese Hado divino por todos los aprendizajes obtenidos.

En el tiempo pasado he aprendido a no darme por vencida, a convertirme en un ave fénix y constantemente resurgir de mis cenizas, aprendí a transformar los momentos más difíciles en fortalezas y motores que impulsan la movilidad, aprendí a escucharme a mí misma, algo sumamente difícil ya que tendemos a apagar nuestros pensamientos con una multitud de actividades inútiles como ver la televisión, jugando en línea o en las redes sociales. Aún intento aprender a relacionarme con las personas, ya que en una confesión muy íntima, afirmo que me asustan un poco. Y finalmente aprendí a vivir cada día con amor.

Todo lo anterior puede no ser más que un inmenso lugar común. El detalle está en que, como todo lugar común, se escribe mucho, más se practica poco. Ficino afirma que. “ … continuamente se cambian costumbres, hábitos, opiniones, apetitos, placeres, dolores, temores y ninguno de ellos sigue siendo el mismo o semejante; las cosas de antes se van, y les suceden las nuevas”.  Y es entonces que las cosas mortales se transforman en inmortales; todo evoluciona y se transforma, más no muere. Así es que a través de la vida nos vamos volviendo un poco más sabios, más listos, tal vez más humanos.

Me gusta cumplir años, me emociona la idea de que cada día me acerco a la fabulosa experiencia que es morirme, pero al mismo tiempo me apasiona la vida; recuerdo con nostalgia todas las personas que he sido, me apasiona la idea de imaginar aquellas en las que me convertiré, y espero con ansias conocer a todos aquellos que, en algún momento o circunstancia, van a cruzarse en mi camino y me van a enseñar algo magnífico.

Amo leer y escribir. Esa es mi pasión desde que era una niña. Amo las sorpresas tanto como las historias de vampiros y fantasmas. Amo levantarme cada día y manejar a mi trabajo mientras contemplo un cielo oscuro y estrellado, amo comer mandarinas y alcachofas con mayonesa y en las horas más solitarias y silenciosas de mis días, amo escribir estas líneas esperando que sus años, los que sea que cumplan aquellos que tienen la audacia de leerme, sean tan prolíficos, especiales, y maravillosos como han sido los míos.

Y cierro estas líneas con unas palabras de este libro que me obsequió un amigo al que quise muchísimo. “ Quiera Dios que el alma sea herida por la imagen de la belleza, que tiene el lugar del sol, como un cierto rayo que penetra por los ojos”…

Feliz  fin de semana.

 

 

viernes, 5 de abril de 2013

Diferentes formas de escribir sin morir en el intento


Navegando por ese espacio virtual que llamamos Facebook, me he topado con un artículo sobre cómo escriben o escribían, ya que algunos han muerto, diferentes escritores norteamericanos. Parece ser, después de leer las líneas, que muchos de ellos muestran una tendencia a escribir por las mañanas.  Puedo decir que entre los mencionados: Susan Sontag, Murakami, Ray Bradbury, Anais Nin y Henry Miller, entre otros, mi favorito siempre ha sido Ernest Hemigway por su manía de escribir de pie.  En lo personal tiendo a escribir cuando tengo un momento para hacerlo, aunque no estaría de más el crearme una rutina como proponen algunos de los más conocidos.

Hace ya varios años tuve la oportunidad de estudiar con el estupendo novelista mexicano, Daniel Sada, y platicando sobre este tema me comentó que él se levantaba en la madrugada, alrededor de las tres o cuatro de la mañana, para poder escribir antes de comenzar su rutina laboral. Personalmente siempre me he considerado algo así como un ave nocturna, razón por la que no me imagino despertándome a esas horas. Aunque debo admitir que despierto diariamente a las 5:30 de la mañana para llegar a tiempo al trabajo.

Durante un tiempo trabajé para pagar una beca que tuve mientras estudiaba en la Sogem. El trabajo consistía en archivar revistas en la biblioteca de esta institución. Mientras ocupaba mis horas mirando revistas antiguas, en la mesa contigua me hacía compañía otro magnífico novelista: Eugenio Aguirre. Era un verdadero placer verlo trabajar, inclinado sobre la mesa, consultando diversos libros y siempre son ese aire de concentración absoluta tatuado sobre su rostro. Debo afirmar que durante el tiempo que duró mi trabajo, jamás dejó de estar a mi lado.

Los escritores noveles pensamos que la escritura es un acto de inspiración divina, aunque para los ateos como yo, probablemente no sea más que la compañía fortuita de alguna que otra musa griega. No podemos estar más equivocados. La escritura es un trabajo como cualquier otro. Se debe llevar a cabo de manera metódica y constante. Se debe escribir todos los días, aunque encontremos excusas para no hacerlo. A ratos se puede pensar que no hay nada que decir en este día, pero siempre, en el mismísimo instante en que mis manos se posan sobre las teclas de esta computadora rosa y pequeña, las palabras comienzan a surgir como por arte de magia.

No todo lo que escribo es muy bueno, tal vez a nadie le importe, pero el acto de escribir diariamente sí crea una diferencia en mi persona. Me hace más libre, me confronta, me hace más reflexiva y me ayuda a escuchar esos pensamientos que a ratos sólo nadan dentro de mi cabeza en un estado de total confusión, y finalmente, cuando termino y cierro los párrafos, me siento un poco más feliz.

Así es que no importa cómo o donde escribas, ya sea de pie como Hemingway, en tu Volkswagen con un termo de café y mirando el paisaje como Cortázar, en la sala de tu casa como Bradbury o en una biblioteca como Eugenio Aguirre. Lo que importa es que si esa es tu vocación, si escribir es una necesidad más grande que el respirar o comer, no te detengas, síguelo haciendo, que una cosa es segura, no te vas a morir en el intento.

Lindo día…

lunes, 1 de abril de 2013

Las Hadas de Mar


LAS HADAS DEL MAR

Hemos navegado toda la noche tratando de llegar hasta él. La redonda placidez de la luna y alguna que otra estrella han sido nuestros guías en el camino; aunque sabíamos que la ruta estaba trazada de antemano. Hace frío. El agua cambia de color con los días. Mientras más cerca nos encontramos, su color se hace más abismal. He tratado de disuadir a los otros, pero sólo me miran con esos ojos llenos de sal y espuma y me ignoran. Hace tiempo ya que dejamos de hablar; nuestra convivencia se basa únicamente en el silencio, un silencio grisáceo, roto sólo por los ruidos del mar. Debo confesar que tengo miedo, pero mi deseo de encontrarlo vence toda duda.

            Cada mañana, la madera de la embarcación cruje envejecida cuando despierto con su sabor a algas y moho adherido a mi paladar. Bebo un sorbo de agua (cada día escasea más), y paso el día oteando el horizonte, buscando la más mínima sombra que delate su presencia. Todos los días son iguales desde que entramos a este círculo. Al principio nadie quería hacerlo, entonces hablamos mucho de ello, discutimos, creo que hasta llegamos a golpearnos, pero lo inevitable siempre tiende a suceder; después simplemente lo hicimos. Izamos las velas, arrojamos por la borda todo lo que consideramos superfluo, incluidas nuestras voces, y con esa nueva ligereza entramos a su espacio.

            Sé que nos estamos acercando por la inusitada aparición de las flores. Comenzaron siendo una que otra, pero esta mañana el mar estaba completamente invadido por ellas. Las he estado mirando con una curiosidad casi morbosa, hasta he tratado de capturar alguna; pero evaden mis caricias y se alejan nadando. Casi podría decir que se ríen de mis intentos, como si quisieran que con cada golpe del oleaje me acercara un poco más a ellas. Preocupado, uno de mis compañeros se sentó muy cerca de mí, y respirándome en la nuca pronunció una sola palabra semejante al crujido de la madera seca: Medusas.

Sin pensarlo salté al agua. Sé que probablemente jamás lo encuentre, que soy débil por haber sucumbido al hechizo de estas hadas marinas, pero llevaba muerto ya mucho tiempo, y con ellas encontré mi paraíso. He dejado de tener frío. Hasta que aparezca otra embarcación, sé que sus bolsitas llenas de veneno serán mi alimento cotidiano; mientras tanto, la armónica liviandad de mis nuevas amigas será la música o quizás el hielo que me empuje más a él.

domingo, 31 de marzo de 2013

Para los curiosos

Aquí les dejo algunos de mis libros...




Una reflexión personal en torno a Sartre.

El paisaje desde mi ventana no cambia. A ratos la luz transforma la percepción y los colores, pero básicamente sigue siendo el mismo. Aunque si me siento un momento en el jardín, y observo con cuidado, aquello que, según yo, no cambia, fluye y se transforma en un instante. Una hormiga arrastra su almuerzo ayudada por otras, un ave con un pecho al rojo vivo acaba de posarse sobre la barda, el enorme ficus a la entrada de mi casa continúa tirando semillas en un vano intento de reproducirse, y digo vano porque la tierra es yerma y seca, y las nubes caminan y varían su forma.
    Algo similar sucede con mi vida, cuando pienso que está estática, llegan esas minúsculas variaciones y la mueven apenas unos centímetros. Alguien empuja una hoja hacia mí con la intención de alimentarme, tal vez un fuego fatuo aparezca y consuma un pensamiento, o quizá las semillas sigan cayendo en tierra estéril.
Esta reflexión, que acompaño de un poco de ópera y un café, me remite a una idea de Jean Paul Sartre en la que opina y cito: " cuando uno vive, no sucede nada. Los decorados cambia , la gente entra y sale, eso es todo. Nunca hay comienzos".
Mientras se acerca peligrosamente el día de mi cumpleaños, rememoro la cantidad de vidas que he vivido y la manera en la que los decorados se han transformado. He creado, y vivido, diferentes historias con muchas personas que entraron y salieron de mi espacio. Algunas tal vez permanezcan en este mundo virtual. Desde la fabulosa invención de las redes sociales me he reencontrado con muchas de ellas, a otras, las más, las he perdido en el camino.
Hace un tiempo tuve la audacia de decirle a una buena amiga que extrañaba los tiempos que pasábamos juntas. Entonces ella me dijo que nuestra historia fue muy buena pero que era tiempo de que yo creara nuevas historias con nuevas personas. Y regreso a Sartre cuando opina que " todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad".

El año pasado di una clase que titulé: casualidad vs. causalidad. Algunas cosas llegan a nuestra vida impulsadas por el destino, mientras que otras no son más que el mero reflejo de las acciones y rumbos que seleccionamos. El detalle reside en distinguir qué señales seguir y cuándo, mientras que en otros caos, los más, es mejor dejar de lamentarnos o culpar a Dios por nuestra situación y simplemente abrir la puerta, y mirar los íntimos cambios que habitan en nuestro interior para usarlos como impulso para la movilidad.

Y aunque considero que las redes sociales son un estupendo sistema de comunicación, también son un impedimento pues nos mantienen aislados en una comunicación ficticia con los "amigos virtuales " que poseemos. Y es en esta comunicación fabricada que olvidamos el maravilloso arte del pensamiento y de la reflexión. Hace un par de semanas comencé una correspondencia con un amigo quien me dijo que la escritura de cartas no produce más que la idealización de la otra persona. Estoy en total desacuerdo.

Llevo muchos años escribiendo diariamente y para mí, la escritura conlleva reflexión y auto conocimiento. Claro está que lo escrito debe ser sincero, a menos que entremos a terrenos de la ficción. En fin, me sigue gustando mucho la idea de leer y escribir cartas. Mucho más que los mensajes  recortados, mal escritos y llenos de emoticones que nos ofrecen las redes sociales.

Y si Sartre dice que uno es lo que piensa y por ello existe, entonces comencemos a pensar y a retornar, a ratos, a la escritura de cartas o emails, en los cuales podamos decir al otro lo que verdaderamente pensamos, lo que nos gusta y nos molesta, lo que nos conmueve, nos lleva, nos atrae y ¿por qué no? Sólo transformar el paisaje interior del otro con un sencillo y bien escrito: te quiero.

Feliz Domingo de Pascua.

viernes, 29 de marzo de 2013

Un poema para este Viernes Santo


Había un resplandor de luz en el sueño
en el sonámbulo caminar de los que morían
un perro azabache masticaba las cruces
los techos de las iglesias
la desnuda altura de los árboles

 Había un abismo olvidado de sí mismo
un monte haciéndose niebla o quizá sombra
un sucesivo escribirse en las cifras del mundo
y una figura sin rostro
cayéndose
hasta el instante mismo

Había un sol negro consumiéndose en su carne
y la tiniebla de otra noche más espesa
El miraba
no dejaba de mirar
las cuencas vacías de sus ojos
la palabra Dios que no acontecía
ni se revelaba en la llama
esparcida en su Nombre

Vestía una túnica sucia de Tiempo
ayer era un latido circulando en su sangre
centinela agonizante de lo Eterno
fuego fatuo
tristemente espejo donde Nada habita
ahogada en la espesura del silencio

 Cristo era un ruido pequeño
en las ruinas de un mundo que no sucede
un soplo sintiéndose hacia dentro
pero que no existe
más que en su propia incertidumbre

Hincado en la sombra inconsútil del azar
Cristo
este silencio
siguió cayendo
en la espiral herida del Infinito
Caos liberado a su propio destino
siguió haciéndose luego
y todavía

Nadie oía gemir la tierra
las cinco letras de ese Nombre
muerto en los labios de una nube
en la órbita negra de un universo
igual de roto
que el presente antiguo de la sombra
que el ángel nocturno y ensangrentado

 Había un resplandor de luz en el sueño
en el nido original de la serpiente
como una grieta dulce
como un día más descalzo
reunido de muchos otros
vibrante           anidado
en el Vacío que habita
la melancólica muerte
de Dios